Las caleras o hornos de cal durante siglos han formado parte de la industria tradicional con
la cual se proveía de materiales para la construcción y enlucido de viviendas. La geología del entorno de La Puebla de Albortón, con abundancia de roca caliza, facilitaba la provisión de este material para transformarlo en cal. El horno, construido en piedra, se utilizaba para calcinar la piedra caliza a altas temperaturas (aprox. 1000ºC) durante varios días para obtener cal viva (óxido de calcio), que luego se apagaba con agua para su uso en construcción. La roca caliza se colocaba apilada en el interior del horno en cuya parte inferior se colocaba la caldera con leña que constantemente debía de ser renovada para mantener la temperatura.